554 millones de sueños

Aún tengo muy reciente el sueño con el que todas las noches me iba a dormir cuando era pequeño. O, mejor dicho, lo que deseaba soñar, que nunca se terminó dando. Cerraba los ojos fuertemente e imaginaba con todas mis fuerzas ser el delantero del Atlético de Madrid que, el día que debutaba en el Vicente Calderón, marcaba el gol de la victoria. Unos días era de cabeza; otros, de chilena; otros, de potente disparo con la derecha. Cada noche tenía en mente una celebración distinta y lo que nunca cambiaba es que en la espalda llevaba el número nueve, cosa que nunca entenderé pues entonces yo solía ser el 10 en los equipos en los que había jugado porque aún no me habían dado la opción de elegir el 21. Cuando Koke ingresó en las categorías inferiores del Atleti, a los 8 años, el Atleti estaba en puestos de descenso y semanas después acabaría pasando un añito en el infierno que al final terminaron siendo dos. Koke no creció viendo los mejores años de Kiko, a Pantic o a Simeone (“Yo del Doblete no tengo recuerdos, tenía 4 años”, llegó a decir), sino que lo hizo viendo jugar en Segunda División a un equipo aferrado a los goles de un adolescente Fernando Torres, un imprevisible Fernando Correa y un tornado Diego Alonso. Ser del Atleti en aquellos años era realmente difícil. Nuestros abuelos nos habían contado que una vez habíamos sido grandes, pero a nosotros nos costaba creérnoslo. Cuando Koke empezó a progresar en la cantera del Atleti, como tú y como yo era el único chico del Atleti en su clase del colegio de casi 30 alumnos. Aquel que vestía orgulloso la camiseta lunes, sin importar que el día anterior el Real Madrid de Ronaldo y Raúl hubiera marcado 4. Cuando a Koke le decían que tenían que ir arreglados al día siguiente, pues era el día que tocaba hacerse la foto de clase, él solo se debatía entre llevar el chándal del Atleti o la camiseta de la primera equipación. Koke debutó con el primer equipo del Atleti en 2009, a los 17 años, en una derrota en el Camp Nou ante el Barcelona de Guardiola. Fue Abel Resino quien decidió darle entrada a ese canterano que jugaba de pivote en un filial que se le quedaba pequeño. Su temporada, en cambio, no tuvo más recorrido, en un Atleti que terminó ganando la Europa League y la Supercopa de Europa, pero que no aparecen como títulos en su palmarés individual al no haber jugado ni un minuto en la competición. Koke empezó a ser asiduo en el segundo año de Quique Sánchez Flores, se hundió un poco con Manzano y terminó explotando con Simeone. “Cuando yo llegué, Koke tenía cerrada su cesión para el mercado invernal, pero al final logré convencerle”, ha contado mil veces el técnico argentino. ¿Qué habría sido su carrera si Simeone hubiera llegado al banquillo del Atleti 15 días después? El pasado sábado, Koke, que aún tiene 30 años, sobrepasó a Adelardo como el futbolista del Atlético de Madrid con más partidos disputados. 554 y, si le respetan las lesiones y decida no abandonar nunca el equipo de su vida, el vallecano podría aumentar esa cifra en un par de centenas más viendo que juega unos 50 duelos de media por campaña. Pocos récords le quedan ya por cumplir en el Atleti y lo que hará a partir de ahora será simplemente ampliar los que tiene en nómina. A saber, está a solo dos pases de gol de convertirse en el jugador con más asistencias de la historia (en propiedad de Collar) y a dos títulos de ser el futbolista más laureado (en posesión también de Adelardo). Entre medias, Koke se ha hecho un nombre entre la afición colchonera. El capitán heredó el brazalete de Gabi, si no tenemos en cuenta que durante un año fue propiedad de Godín. Dio sus primeros pasos en el Atleti asesorado por el antiguo capitán Antonio López y siempre ha estado cerca de los Raúl García, Juanfran y compañía, empapándose del liderazgo y formando un grupo que ha sido el mejor de la historia de la entidad. Koke, criticado en los últimos tiempos hasta la saciedad por aquellos que admiten que no vale, que no tiene ritmo para jugar o que simplemente juega por capricho y amistad con Simeone, sigue rompiendo tópicos siendo, temporada tras temporada, uno de los jugadores que más kilómetros recorre por partido en Champions (nunca se ha bajado del Top3 al final de cada edición y es la posición que ocupa hoy en la 2022-23) y, lejos de ser solo amigo de Simeone, lo es también de Luis Enrique, lo fue de Lopetegui, de Vicente del Bosque e incluso de Hierro. El sábado, ante el Sevilla, en su celebración, se reivindicó. Jugó quizás el mejor partido de la temporada, favorecido porque el Atleti pudo poner detrás de él un pivote posicional natural como Witsel y el canterano jugó con más libertad de llegada en un 4-3-3 en el que, para la presión, era él quien se emparejaba con Morata como hombre más adelantado. Fue ahí donde destacó con Simeone desde 2012 cuando hizo las veces de Diego Ribas y fue ahí donde dio su versión más diferencial en la 2015-2016, en la que terminó con 17 asistencias de gol resucitando con sus pases a un Fernando Torres que ya no carburaba demasiado. Fue contra el Sevilla, hace más de 10 años, contra el que hizo su primer gol. También es el equipo al que más le ha marcado siempre, una faceta que no es su especialidad pero que no se le da del todo mal si atendemos a los casi 50 goles que lleva como rojiblanco. Koke lleva más de 10 años jugando en el equipo de su casa, y eso que ha tenido oportunidades para salir a equipos que le pagaban más y le aseguraban más títulos, lo que ya le ha convertido en One Club Man (siempre y cuando no se vaya del club). Koke es el jugador que, vistiendo la camiseta del Atleti, más veces ha jugado con la selección española. Koke tiene a un par de partidos convertirse en el máximo asistente de goles de la historia del club. Koke debutó hace 13 años y hoy sigue con la misma ilusión que el primer día. Koke es ese chico del Atleti que veía los partidos en el Vicente Calderón junto a su hermano y soñaba con saltar un día, aunque fuera un partido, un minuto, al verde y ser coreado por su afición. Koke lo consiguió y no una ni dos veces. 554. Koke es lo que todos los niños del Atleti soñamos ser. Imagen de cabecera: Getty Images

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