Fulgor en San Mamés: el Athletic regresa a su infancia, la Patria

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La verdadera patria del ser humano es su infancia. Viendo al Athletic Club jugar, y de qué manera, frente a la UD Almería, se apoderó de mí esa excitación que me dominaba cuando, a partir de los 8 años, acudir a San Mamés se convirtió en un hábito curativo. Desde el [3-0] al Córdoba en la [1967-1968] hasta la tunda [4-0] con la que el Athletic se recreó a costa del equipo de Rubi en LaLiga Santander. Y resultó que, más que la victoria [lo que deseo y necesito], fue el juego de los de Ernesto Valverde lo que me sedujo. Fue tal el impacto, que sentí cómo el tiempo retrocedía violento hasta instalarme en la infancia. Aquella de los partidos callejeros a "cinco cambio y diez acabado", la del futbolín, los cromos con su álbum, y el sistema, valiente, lúdico, arrollador, del 1-3-2-5. No sé si se ajustaba a la posición de los jugadores en el campo. Exultante el central Iñigo Martínez tras ganar al Almería en San Mamés (Foto: Athletic Club). Lo de este viernes en sesión nocturna, sin embargo, ha sido el regalo más hermoso que 'Txingurri' nos podía haber ofrecido. Cuando se apoderaba del balón en área propia, lo suyo, lo del Athletic, o sea, lo nuestro, era una desbandada en toda regla. Una huida hacia adelante. Un ejército que, en el campo de batalla, a pecho descubierto, se derrama en vendaval arrollador que va volteando 'muñecos' y absorbiendo el aire que se opone. No era fútbol, pues. Era la infancia recuperada. La patria de San Mamés. Y si intentamos reflejar un paralelismo, el sistema del Athletic semejaba un 1-4-1-5. Simón, la zaga, Dani García [a modo de policía que regulaba el tráfico en aquel pasado sin semáforos] y, a partir de su posición, un quinteto al toque de corneta del balón recuperado. Nico, Sancet, Iñaki, Muniain y Berenguer. Sin ataduras desde la banda. Liberados de cualquier concepto táctico que limite su ansia de buscar la portería rival con una depurada técnica individual y colectiva. Sancet, De Marcos y Nico Williams celebran el gol del primero al Almería (Foto: LaLiga). ¡Qué era aquello! "Más madera", pide un Ohian  inconmensurable. Ese Sancet al que las medidas del rectángulo se le hacen cortas: ¡Hijo de Dioses, Titán parece! Nico, tan joven y tan 'cruel'. Iñaki y su estado de gracia que le permite meter goles hasta de cabeza. Muniain, andando como hormiguita por la espalda pétrea de los 'indalos' que pretenden  hacerle frente. Berenguer, espectador de lujo desde una banda izquierda por la que el balón no transita. "Tú serás yo dentro de ocho años", le comenta Iñaki a su hermano Nico; "y yo seré tú", le replica el pequeño. Lo propio sucede entre Muniain y un Sancet que, como anunciaba este cronista en el último artículo, es "machete entre la zafra, bala feroz al centro del combate". Bufandas en la grada de animación de San Mamés (Foto: Athletic Club). "Cuando tu mujer está de suerte, capaz es de parir hijos de otro" decía aquel presidente de un Club prestigioso. El centro poco ortodoxo de Nico lo hace bueno su hermano, que marca de cabeza entre la peinada y el hábil giro de su cuello. La 'pedrada' de De Marcos es control orientado en la botas de Sancet, que fusila al portero sin miramientos. Del barullo, de la melé, rescata Nico la pelota para marcar previo paso del balón entre las piernas de Fernando. Vesga, un 'recién llegado' al partido, se beneficia del dicho infantil: "el que lo sufre es el que lanza el penalti". Anotó de lujo el 'Celedón' de 'la Popu' el cuarto 'bakalao' de la noche. Mikel Vesga celebra su gol de penalti en el Athletic-Almería (Foto: Athletic Club) Vuelta a la infancia en San Mamés. La verdadera patria del ser humano, y, por tanto, la de este Athletic que se reencuentra con 'Pitxitxi' para atraerlo a este presente fulgurante: ¡quítese el busto porque a Rafael Moreno Aranzadi lo tenemos entre nosotros! La patria. La infancia. ¡La nostalgia por no poder regresar e instalarnos para siempre  en aquel tiempo y lugar! A expensas de que la Ciencia cree la máquina que nos permita viajar en el tiempo, este fútbol del Athletic que, al menos, durante 93', nos permite vivir en la infancia de la patria, en la patria de la infancia. Ser del todo felices una vez a la semana. Cuidado, sin embargo, que el once de Txingurri mostraba una media de edad 'exagerada'. Vayan tomando el relevo los jóvenes. Porque, si nos demoramos, el mismo don que nos está levantando puede ahogarnos en lodo. • Por Kuitxi Pérez, periodista y exfutbolista

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