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El Celta insiste en sus peores vicios

El Celta no es que tropiece en la misma piedra como una desgraciada casualidad; es que la persigue y la busca con perseverancia como si padeciese alguna clase de extraña patología. Coudet está descubriendo a marchas forzadas la capacidad de este equipo para reincidir en sus errores. Es una tradición que pronto cumplirá los cien años de vida y que trasciende a los entrenadores. Cambia la clase de error, pero tradicionalmente el Celta adopta una jugada desgraciada que repite de forma enfermiza. Solo unos días después de que el técnico argentino pusiese el grito en el cielo por las absurdas pérdidas en el medio del campo que provocan goles en contra y les ha hecho regalar más puntos de los deseables, el Celta le regaló otra. Cambió el nombre del desgraciado protagonista (Okay interpretó el papel que en los anteriores encuentros correspondió a Denis) pero el fin de la historia fue el mismo. Así encontró el Eibar en el arranque del segundo tiempo su única oportunidad realmente clara del partido para firmar un empate. Suficiente para frustrar a un Celta incapaz de curarse esa dependencia que tiene de Iago Aspas. Por momentos pareció que podría conseguirlo, que se libraría al fin de esa carga que supone verle en la grada con el chándal puesto, un premio doble para un grupo necesitado de reforzar su estima. Pero pesó mucho más la habilidad de los vigueses para caer en un agujero que, por conocido, ya debería tener controlado. Pero no hay forma.

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