Huelga de futbolistas: dos fines de semana sin Liga

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Hubo una época en la cual los jugadores estaban unidos y luchaban para reivindicar sus derechos. Hasta el punto de dejar a España sin fútbol profesional durante dos fines de semana consecutivos, algo que sucedió dos veces en un corto periodo de tiempo durante la década de los 80, concretamente en los meses de septiembre de 1981 y de 1984. Antes de su obligada conversión en sociedades anónimas deportivas –Ley del Deporte de 1990-, la gestión de la mayoría de los clubes que militaban en las categorías superiores amenazaba con llevar al fútbol a la bancarrota y al caos. Y eso, lógicamente, afectaba directamente a sus principales empleados: los jugadores. De ahí que el 4 de marzo de 1979 tuviese lugar la primera huelga del fútbol profesional español en Primera División, Segunda y Segunda B. Los jugadores reclamaban la abolición del derecho de retención, su inclusión en el régimen de la Seguridad Social y la supresión del límite de edad para jugar en Tercera, establecido en 23 años. El presidente de la Federación Española era Pablo Porta y el de la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE), sindicato nacido unos meses antes y convocante del paro, Juan Manuel Asensi, centrocampista del Barcelona. Fue una apuesta valiente y arriesgada de los jugadores, que en plena transición de España hacia la democracia se encontraron con la férrea oposición de clubes, Gobierno e incluso del Patronato de Apuestas Mutuas Deportivo-Benéficas (hoy Loterías y Apuestas del Estado), organizador de la quiniela. Y, lo más duro, con la crítica de muchos aficionados. El éxito de la huelga se plasmó en nuevas conversaciones y la Liga se reanudó la semana siguiente. Cuatro meses después, el 13 de julio, se firmaron los primeros acuerdos entre la AFE y los clubes, en los que se reguló el derecho de retención que, por primera vez, se limitó en el tiempo y desapareció su condición de indefinido. Y, como hecho fundamental, el sindicato de futbolistas se vio reforzado en tan escaso tiempo de existencia. Pago de deudas En septiembre de 1981, la AFE planteó una nueva huelga, que se prolongó durante las dos primeras jornadas de Liga en Primera, Segunda y Segunda B. El 6 de septiembre no se jugaron los partidos y el 13 de septiembre fueron disputados por los equipos juveniles. Los jugadores desconvocaron la protesta tras lograr el pago de las deudas y la abolición de la normativa de alinear a los sub 20. Sin embargo, el resultado no fue del todo satisfactorio. No se llegó a un acuerdo en asuntos como la creación de un fondo de garantía o la participación de los jugadores en los ingresos por publicidad y derechos de televisión. Por eso, antes de finalizar la temporada, la AFE convocó otra huelga para el 11 de abril de 1982. Las presiones de Federación y directivos de los clubes se recrudecieron y quebraron la unión de los futbolistas. Unos, los menos, mantuvieron la postura e hicieron huelga, mientras que los demás jugaron con normalidad. La jornada fue un esperpento porque hubo equipos que alinearon a los profesionales frente a otros con jugadores del filial o juveniles. Lo peor fue el enfrentamiento público escenificado por algunos futbolistas importantes. Así, Del Bosque y Leal, figuras del Real Madrid y Atlético respectivamente, afearon la postura a sus compañeros del Barcelona, que fueron de los primeros en desmarcarse de la convocatoria de huelga. «Se me caería la cara de vergüenza si jugara contra juveniles», declaró el centrocampista colchonero. Más incisivo aún fue Del Bosque: «Si fuera un socio del Barcelona trabajador y con problemas laborales me parecería mucho más digna la actitud del Real Madrid y más ética que la de mi propio equipo». La huelga fue desconvocada al día siguiente, lunes 12 de abril. En mayo, el entonces presidente de la AFE, Joaquín Sierra 'Quino', presentó su dimisión irrevocable. Y dejó ante la asamblea del sindicato un mensaje desolador: «Si antes no se cumplían muchas promesas hechas a los futbolistas pese a su unidad, ahora con esta postura de debilitamiento mucho menos. Ya se han vuelto a incumplir los plazos que se fijaron en la última reunión en el Ministerio de Trabajo. Lo más triste es que muchos futbolistas siguen sin darse cuenta de esta situación. Quizá muchos recurran otra vez a la AFE cuando tengan problemas personales. Aquí mismo hay jugadores a los que aún se les debe el segundo 50% del año pasado». Asamblea masiva La prueba fehaciente de que los problemas del fútbol seguían sin estar resueltos fue la siguiente convocatoria de huelga por parte de la AFE apenas tres años después. Una convocatoria que fue escenificada con excepcional contundencia el 3 de septiembre de 1984 en un hotel de Madrid. Así lo avalan los datos de la Asamblea convocada aquel día por el sindicato de futbolistas. Asistieron 628 jugadores en representación de 58 clubes: 18 de Primera, 18 de Segunda –solo faltaron el Lorca y el Cádiz- y 22 de los dos grupos de Segunda B. En aquellos tiempos, la concienciación y unión eran tales que, por ejemplo, estuvieron presentes las plantillas al completo de nueve clubes de la máxima categorías: Real Madrid, Athletic, Real Sociedad, Sevilla, Betis, Sporting, Zaragoza, Málaga y Murcia . El punto principal era votar «sí» o «no» a la huelga, pero la reunión se alargó más de cinco horas porque hubo numerosas intervenciones. Antes del último discurso, pronunciado por Juan José Iriarte, presidente de la AFE, hablaron varios asistentes. Entre ellos, jugadores de tanto peso en el fútbol español como eran Camacho, Miguel Ángel (Real Madrid) o Landáburu (Atlético). Portada de ABC del 4 de marzo de 1979 El resultado de la votación fue: 372 votos favorables a la huelga a partir del siguiente domingo, 9 de septiembre; 173 favorables a la huelga a partir del domingo 30 de septiembre; 16 votos favorables a una huelga que comenzase dos meses más tarde (propuesta del Barcelona); 37 votos contrarios a la huelga; y siete abstenciones. No suman 628 (número de asistentes) porque dada la duración de la asamblea hubo jugadores que se fueron antes. Algunos por razones tan rocambolescas como los del Logroñés, cuyo autobús se marchaba a las seis de la tarde sin retraso posible por orden directa e irrevocable del presidente del club. Los futbolistas riojanos se fueron sin poder votar, pero dejaron claro que apoyaban la decisión que tomara la mayoría de sus compañeros. Por último, fue nombrado el Comité de huelga, compuesto por Iriarte, Movilla (ex jugador y vocal de la AFE) y los futbolistas Gordillo (Betis), Zubizarreta (Athletic), Señor (Zaragoza), Juanito (Real Madrid) y Enzo Ferrero (Sporting). Juveniles y reclutas Lo del Logroñés no fue, ni mucho menos, una excepción. Tras convocar la huelga, los futbolistas se encontraron solos frente a casi todos. Y recibieron incomprensión e infinidad de críticas. Y algún mensaje nada subliminal como el de Agustín Domínguez, secretario general de la Federación: «Tienen que pensárselo mucho. Yo tengo una gran memoria y recuerdo que un buen día José Emilio Santamaría (exjugador y exseleccionador español) me habló de una huelga de futbolistas que conmovió a Uruguay, pues duró más de un año. Era una huelga indefinida, como quiere ser esta. Pues bien, las palabras de Santamaría se me quedaron clavadas. Y es que me dijo que formidables futbolistas, jugadores fantásticos, acabaron de peones de albañil y desde entonces el fútbol uruguayo no ha levantado cabeza». La mayoría de presidentes y directivos de los clubes reconocieron que varias de las reivindicaciones de los jugadores eran «lógicas y justas», pero aún así mostraron su desacuerdo con la huelga aduciendo que hacía «daño» al fútbol. Y de paso, azuzaron a la opinión pública. «La huelga perjudica a los aficionados», repetían. Durante la semana los ánimos se fueron caldeando. Los dirigentes no estaban dispuestos a perder el pulso, así que ante la postura de fuerza de los futbolistas ejecutaron el órdago habitual en estos casos: obligaron a jugar a las plantillas de los filiales, a los juveniles y a los profesionales que estaban realizando el entonces obligatorio servicio militar. Las 10 peticiones de los futbolistas en 1984 Modificar las normas federativas relativas al otorgamiento de licencias e inscripciones, que en su actual regulación conculcan el artículo 1.256 del Código Civil e interfieren gravemente en la relación laboral clubes-futbolistas, en menoscabo de los intereses profesionales de estos últimos. Eliminar de la normativa actual cuantas limitaciones existen por razón de edad para el ejercicio de la profesión de futbolista. Modificar la normativa federativa relacionada con los períodos de inscripción de jugadores, que atenta contra la libertad de trabajo. Modificar la normativa referida al descenso de los clubes por causa de impago de deudas a sus jugadores. Modificar la normativa referida al denominado «amateur compensado», encubridora de situaciones de profesionalismo. Modificar la normativa referida a la recalificación de jugadores, que atenta contra la libertad de trabajo. Regular lo referente a la carta de libertad. Cobro de las deudas pendientes de anteriores temporadas. Establecer un calendario negociado entre los representantes de futbolistas, Liga Profesional y Real Federación Española de Fútbol. Participación de los futbolistas en las negociaciones con TVE, televisiones autonómicas, etcétera, y, en su caso, con el Consejo Superior de Deportes, u organismos competentes, al objeto de compartir las cantidades que puedan pactarse, ello como contraprestación a nuestros derechos al nombre y a la propia imagen. Con esos inusuales protagonistas sobre el césped, el 9 de septiembre de 1984 se jugó la segunda jornada de Liga, pero la huelga fue un éxito. De los más de 1.500 profesionales de 1ª, 2ª y 2ª B, apenas un 5% se vistió de corto. Los estadios registraron entradas muy pobres, lo que provocó una considerable disminución de ingresos por taquilla respecto a una jornada normal. Así, en el Real Sociedad-Málaga vendieron 230 entradas, lo que supuso una recaudación de 120.000 pesetas (721 euros), y al Camp Nou acudieron menos de 25.000 espectadores para presenciar el Barcelona-Zaragoza. La asistencia media a los campos apenas alcanzó el 10% del aforo. Apenas hubo incidentes, salvo la suspensión de dos encuentros de Segunda B, por deterioros en las porterías. Idéntico acto de vandalismo sufrió el estadio Rico Pérez, donde el duelo alicantino Hércules-Elche, ambos en la máxima categoría, comenzó con retraso tras ser reparadas ambas porterías. Sólo tres profesionales de Primera -García Pitarch (Valencia), Ernesto y Hierro I (Málaga)- se negaron a secundar la convocatoria de la AFE, mientras que otros 11 lo tuvieron que hacer por estar cumpliendo la mili. Y la recaudación de las quinielas sufrió una debacle: 1.000 millones de pesetas (6 millones de euros) menos de recaudación. 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El conflicto laboral no tenía nada que ver con la UEFA, organismo responsable de esos torneos, así que los clubes pudieron contar con todos sus profesionales disponibles. El Athletic, campeón de Liga, jugó la ida de los dieciseisavos de final de la Copa de Europa ante el Girondins en Burdeos. En los treintaidosavos (ida) de la Copa de la UEFA los partidos de equipos españoles fueron: Sion-Atlético, Real Madrid-Innsbruck, Valladolid-Rijeka y Betis-Universidad de Craiova. Y en dieciseisavos de la Recopa, Metz-Barcelona. Tras el paréntesis continental, vuelta al conflicto. Las negociaciones continuaban, la tensión no decrecía y el acuerdo se vislumbraba lejano. La huelga seguía en pie y la tercera jornada, fijada el domingo 16 de septiembre de 1984, no se celebró. Tuvo que aplazarse y se disputó mes y medio más tarde en uno de los pocos huecos libres, el 1 de noviembre, jueves festivo en España. Aún habrían de pasar tres días e incontables horas de reuniones hasta que la noche del 19 al 20 de septiembre, la AFE desconvocó el paro. Con la intermediación de Romà Cuyàs, secretario de Estado para el Deporte del Gobierno (PSOE) y presidente del Consejo Superior de Deportes (CSD), futbolistas y clubes llegaron a un acuerdo. Como ocurre en toda negociación, ambas partes tuvieron que hacer concesiones, pero los jugadores lograron varias mejoras sustanciales en sus condiciones laborales y profesionales.

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