Con la miel en los labios

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En su estreno al frente del Málaga CF, Pepe Mel no pudo vivir una victoria en La Rosaleda. El equipo, aunque dejó signos de mejoría, sigue siendo un superviviente que está intentando salir a duras penas de la UCI y eso se nota en los detalles. Porque fueron los detalles los que impidieron que los blanquiazules pudieran volver a celebrar un triunfo en casa casi un año después del último. Y al gol de Collado en el 20' sólo se pudo responder con otro de Rubén Castro en el 26'. Un 1-1 que deja con la miel en los labios y la sensación de que nada ha cambiado. O al menos, no lo suficiente. Del negro al gris en una jugada Los dos equipos saltaron al terreno de juego con buenas intenciones y con intensidad. Después de 15 minutos, el Málaga no conseguía crear verdadero peligro en el área del filial amarillo. Había ideas, pero costaba ejecutarlas. Y se seguían viendo claras faltas de apoyo entre los jugadores, ausencia de asociaciones con química... y cuando la mente está en stand-by, los contrarios se aprovechan. Y vaya si lo hizo Diego Collado, con un tremendo trallazo ante el que nada pudo hacer Manolo Reina. Sin embargo, parecía que el fútbol no era tan complicado como han hecho creer a los malaguistas todas estas semanas. Centros buscando al killer y a campeonar. Y, después de unos cuantos intentos frustrados por el interior, fue Gallar, que estaba haciendo un partido nefasto, el que puso el balón desde la izquierda para que Rubén Castro rematara a placer y subiera el 1-1 al luminoso de La Rosaleda. Lo celebró la grada como si le fuera la vida en ello, conscientes de que este gol podía llegar a significar muchas cosas. Casi en la siguiente jugada, el ariete canario volvió a meter en el arco de Gianni un centro desde atrás de Gallar y, aunque la alegría fue momentánea porque enseguida el colegiado lo anuló por posición antirreglamentaria de Castro, parecía que podía enmendarse la situación. En el tramo final de la primera mitad, aun sin grandes destellos de calidad, el equipo de Mel se iba a hacer dueño y señor de la pelota. Querían irse al descanso con la ventaja en el marcador. Lo intentaron por activa y por pasiva, pero entre la mala fortuna y los balones que se quedaban cortos, no hubo manera. Tocaba intentarlo tras el intermedio. Quiere, pero no puede... No introdujo cambios Mel en el comienzo del segundo asalto, otorgándoles toda la confianza del mundo a los once que habían salido de inicio en el encuentro. Los blanquiazules seguían buscando a Rubén, que quería rematar la faena. El plan era intentarlo por la banda derecha y así llegó un nuevo remate del delantero canario, con un centro de Juanfran. Otra vez llegó a colarse en la portería de Gianni y otra vez lo anuló el árbitro por -claro, eso sí- fuera de juego. La Rosaleda no podía evitar venirse arriba, la afición estaba deseosa de celebrar y no se iba a conformar con el empate. Las sensaciones que transmitía el Málaga con el balón en los pies eran completamente distintas a las de semanas atrás. Conocían el camino marcado por Mel. Y Rubén volvió a recibir un centro desde la derecha pero esta vez su cabezazo se marchó lamiendo el palo. Gallar tuvo otra gran oportunidad con un disparo muy lejano que se marchó desviado por muy poco. Por no pelear el gol no iba a ser, eso seguro. Pero los detalles iban a decidir el desenlace del partido. Una pelota que bota donde no debe, un pie que se queda trabado, un pase en profundidad que acaba repeliendo un defensa o una decisión mal tomada en el momento más inoportuno. Detalles. Los que hacen que los partidos pase del blanco al negro y del negro al blanco, con una amplia escala de grises entre ambos. Y que se cierre con un empate que de nada le vale al Málaga.

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