img

Es por eso que me gusta

Justo un rato antes de sentarme frente al ordenador, he recordado una pregunta que me formularon en un programa de televisión, poco después del título de Copa: “Qué le pides al equipo en el futuro?” Y recuerdo haber respondido algo parecido a: “Me gustaría que el equipo siguiera ilusionándome cada vez que me acerco al estadio”. Algo muy similar a lo que sentí cuando me dispuse a presenciar el partido del domingo. La Real ha llegado a esta jornada después de una temporada larga y dura, pero en la que, con los altibajos lógicos, había mantenido el tipo muy dignamente. Al punto que en la penúltima jornada, se jugaba la posibilidad de sellar el pasaporte para la Europa League. Y el mero hecho de poder hacerlo, evidenciaba una verdad de fondo incuestionable: el equipo había vuelto a hacerlo. Por tercera vez consecutiva la Real se había ganado el derecho a sentarse a la mesa de los grandes de Europa. Llegué al campo ilusionado, y eso, para mí es fundamental. De no ser así, dejaría de ver fútbol, dejaría de ver a mi equipo, dedicaría mi tiempo a algo más satisfactorio. El equipo, en un partido grande, se comportó como tal. Desde el principio, mostrando al rival que su pedigrí no le intimidaba, y que tenía la intención incontestable de llevarse los puntos. Esa era la Real a la que yo aspiraba, motivo de orgullo y de admiración.

×